¿Cómo servir a Dios con mi profesión y trabajo?

Creactiba te comparte y recomienda este interesante artículo cristiano: «VOCACIÓN: DISCERNIENDO TU LLAMADO».

Este artículo, escrito por el Pastor Tim Keller te da consejos concretos para cómo saber cómo servir a Dios con tus dones y vocación. Esperamos que sea de bendición para tu vida.

 

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En EU, el «cristianismo» va a la baja y el secularismo a la alza

Imagen del USA Today

El ateísmo y secularismo crece en Estados Unidos, a la par que el cristianismo va consistentemente decreciendo. 

Así lo confirma el más reciente estudio del Pew Research Center (difundido apenas ayer 9 de octubre) que muestra que por primera vez, las personas que se identificaron así mismas como cristianas evangélicas o protestantes ya son ligeramente menos de la mitad de la población: el 48%.

En tanto, 20%, uno de cada 5 estadounidenses, se identifica ya como sin religión o sin afilicación a ninguna creencia religiosa.

Si bien esto no es sorpresivo, si confirma una tendencia evidente que se ha visto en los últimos años.

Por supuesto, además, como cristianos, sabemos que aun esa cifra puede ser muy elevada, ya que sólo muestra una afilicación cultural y no necesariamente una creencia de corazón y una relación real con Cristo.

No obstante, como indicador es relevante para entender los tiempos que vive nuestro vecino del norte y el país por el que nos llegó a México y América Latina el cristianismo (hablando del cristianismo evangélico, ya que, claro, el catolicismo llegó antes vía la conquista militar española).

Otro estudio realizado por investigadores de la Universidad de NotreDame y North Carolina sobre qué creen los jóvenes estadounidenses había mostrado hace algunos años que en realidad no se han vuelto ateos, sino más bien, creen ahora en una religión universal y un dios light, moralista, ajeno e impersonal, ya no tan parecido al Dios de la Biblia y el cristianismo.

Estas son las 5 cosas que cree, en resumen, mayormente la juventud estadounidense:

  1. Existe un Dios quien creó el mundo y observa la vida de los seres humanos que viven en la tierra.
  2. Dios quiere que la gente sea buena, amable, y justa como se enseña en la Biblia y en las religiones populares del mundo.
  3. La meta principal de la vida es estar feliz y sentirse bien sobre uno mismo.
  4. Dios no necesita estar involucrado en la vida de alguien al menos que esta persona lo necesite para resolver un problema.
  5. Las buenas personas van al cielo cuando se mueren.

En países como México, muy ligado a Estados Unidos en cuestiones de visión y hábitos culturales, estas creencias pueden sin duda ser las mismas en un sector importante de la población.

Sin embargo, hablando del crecimiento del cristianismo en general, es notorio el contraste que se ha venido dando en los últimos años en México, América Latina, África y Asia, en comparación con Estados Unidos o Europa, las regiones en donde se comenzó a «evangelizar» a los demás.

Parece claro, como también muestran las numerosas iglesias vacías en amplios sectores de Europa, que ahora a los «evangelizados» nos tocará «reevangelizar» a los «evangelizadores» originales. Dar de gracia, lo que de gracia recibimos. 

Aquí se puede ver el estudio completo de la religión en EU: http://www.pewforum.org/uploadedFiles/Topics/Religious_Affiliation/Unaffiliated/NonesOnTheRise-full.pdf

Y aquí una nota del USA Today al respecto:

http://www.usatoday.com/story/news/nation/2012/10/08/nones-protestant-religion-pew/1618445/

El trabajo, una bendición de Dios

Usualmente solemos ver al trabajo como una maldición, algo pesado, molesto, que tenemos que hacer, a pesar nuestro, en la vida.

Inclusive, lo podemos ver como un castigo. Algunos cristianos usan la cita bíblica del castigo que Dios pone a Adán, tras haber desobedecido junto con Eva, para mostrar cómo el trabajo es un castigo divino que tenemos que soportar lastimosamente toda nuestra vida.

«Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.  Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.  Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás», dice la dura sentencia lanzada por Dios hacia el hombre (Génesis 3:17-19).

Sin embargo, en todo caso, lo que establecía Dios era la dificultad y el cansancio que ahora le costaría al hombre obtener la retribución material de su trabajo. Pero en ningún momento, Dios señala que el trabajo sea malo.

 

Dios inventó el trabajo y Dios trabaja

La verdad es que el trabajo es una bendición. Antes de que Adán y Eva pecaran, inclusive antes de que la propia Eva fuera creada, Adán ya había tenido trabajo que Dios le había puesto.

En efecto, Adán fue comisionado por Dios para una tarea: nombrar a todos los animales de la tierra.

Si lo vemos bien, podríamos decir que ¡cuánta confianza de Dios! Le estaba dando un trabajo relevante, nombrar a cada ser vivo de la tierra,  a alguien sin experiencia.

Pero Dios confiaba en Adány de inmediato le dio un trabajo útil y relevante, como parte de la gran tarea que Dios encomendaría a Adán y Eva (y a la humanidad en general): señorear sobre los animales, la tierra y administrarla correctamente.

Ahora, ese trabajo que Dios le dio a Adán era bueno. La Biblia deja claro que Dios vio que todo era bueno en su creación. Y no es sino hasta antes de crear a Eva que por primera vez Dios señala que algo no es bueno. «No es bueno que el hombre esté solo», dijo.

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, no hacía sino replicar lo que Dios ya había hecho: trabajar durante 6 días en su creación.

El trabajo es bueno porque Dios trabaja.  Jesús dijo: «Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo» (Juan 5:17).

 

 

Propósito y utilidad

Podemos ver, entonces, como Dios dio propósito, una función y utilidad a Adán, encomendándole de inmediato trabajo y cosas que hacer.

A lo largo de la Biblia, podemos ver cómo es Dios quien nos llama para realizar funciones específicas en la vida, a ser útiles y trabajar.

Hay pocas cosas peores en la vida que sentirse inútil y sin propósito. Hay pocas cosas peores que el aburrimiento, la ociosidad, la flojera y el desperdicio de recursos. Qué feo es una canción no tocada, una casa que nadie habita, un fruto del que nadie come y se echa a perder en el suelo y una vida desperdiciada que no vive su potencial y usa sus habilidades.

La Biblia nos inta a nos ser flojos:  «Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?» (Proverbios 6:9), y, por el contrario, nos exhorta a movernos y trabajar: «Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas» (Eclesiastés 9:10).

No en vano, la definición de pecado en el libro de Santiago habla no de dejar de hacer el trabajo al que hemos sido llamados: «al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado» (Santiago 4:17).

 

El verdadero reposo 

Todo lo anterior no quita, por supuesto, que el trabajo pueda cansarnos y necesitemos descansar.

La maldición traída por el pecado del hombre, dada por Dios a Adán, deja en claro que habría cansancio, sudor y fatiga en esta vida.

Pero desde allí, dos versículos antes (Génesis 3:15), Dios ya había anunciado la llegada de ese Salvador que nos libraría del pecado opresor.

Ese «día de reposo», instaurado desde el principio por Dios, y aquella «tierra prometida», tierra de reposo, que el pueblo esperaba al andar en el desierto apuntaban al «verdadero reposo» que Dios tenía para nosotros. 

 

 Es Jesús, el «verdadero reposo» para nuestra alma y nuestra vida. Es en Él en quien podemos descansar, confiando en su amor, en su gracia y perdón inmerecidos que nos salvan «no por obras», sino por fe, cual oveja que en aguas de reposo y delicados pastos es cuidada por su Pastor.

El trabajo en esta vida puede ser pesado, pero nada tan pesado como andar cargando por la vida el peso de nuestros pecados, fallas, errores y las cargas de buscar «mejorar» y congraciarnos con Dios, con nosotros mismos y con los demás, con nuestras propias fuerzas.

Fue sólo el trabajo de Cristo en la cruz lo que puede quitarnos a su vez, esa pesada losa sobre nuestros hombros y poder ser libres para vivir nuestra vida, nuestro trabajo y propósito para Dios y con Dios. «Venid a mí los que estéis trabajados y cansados que yo os haré descansar», dijo Jesús (Mateo 11:28). 

En Jesús, pues, no sólo encontramos el verdadero reposo y el significado de nuestra vida, sino que recuperamos el verdadero significado del trabajo mismo en esta tierra.

Llámese el trabajo en casa, en la escuela, en tu empleo secular, en la iglesia, glorificamos a Dios cuando trabajamos y lo hacemos como para Él y no para los hombres, con esfuerzo, con alegría, pasión, creatividad, honestidad, ética, impulso.

Trabajemos, pues, en Él y para Él, sabiendo que somos parte del mejor equipo de trabajo: el suyo.

 

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Usando tu VOCACIÓN para Dios

El mismo nombre lo dice: vocación viene del latín «vocatio», que significa llamado.

De hecho, por eso, otras palabras como «vocativo», que es el nombre de la persona a quién nos dirigimos en una carta, son palabras hermanas, que vienen de raíces comunes.

El propio diccionario de la Real Academia Española define vocación como: «inspiración con que Dios llama a algún estado».

De ahí que tu vocación es un «llamado» que se te hace, y más exactamente, un llamado que Dios te hace.

Así como Dios llamó a Samuel (¿recuerdas la historia?): «Samuel, Samuel» (1 Samuel 3:10), Dios nos sigue llamando a cada uno de nosotros, por nombre. Dios tiene un propósito para nuestras vidas.

 

Dios te dio los dones y talentos que tienes

Cuando Dios le mostró a Moisés un ejemplo del tabernáculo con una presentación seguramente tridimendisional-audiovisual impresionante (la Biblia dice que Dios dijo a Moisés: «conforme al modelo que te fue mostrado en el monte») también le dijo quién haría el trabajo.

Por ejemplo, Dios le dijo:

«Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte,  para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce,  y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor.» Éxodo 31: 2-5

¿Te das cuenta? Dios ya había dado previamente la habilidad y talentos a las personas que harían  la obra que Él tenía preparada para esa generación.

 

Dios te ha dado inquietudes que hay en el corazón

Pero Dios no sólo te dio talentos; también te da inquietudes en el corazón, cargas por algún tema, necesidad, labor con la que Él querrá que te involucres.

Ve el ejemplo de Nehemías. El libro de Nehemías, en la Biblia, comienza con una pregunta (Neh 1:2) que él hace a uno de sus hermanos hebreos sobre la situación que se vivía en Israel. La inquietud que Dios había puesto en el corazón hace que él buscara, se preocupara y al ver la situación, decidiera tomar acción.

Nehemías dejó el cómodo puesto que tenía, nada menos que en la Corte del Rey, y pone en su corazón emprender un viaje hasta Israel para ayudar a reconstruir Jerusalén. La narración es clara y muestra cómo todo venía de la voluntad de Dios y Él mismo es quien comienza a abrir las puertas para la restauración de su pueblo.

 

Dios te ha llamado para un propósito especial 

Muchas veces solemos pensar que Dios llamó a Moisés sólo desde la zarza ardiente en el monte Horeb.

Sin embargo, Esteban nos muestra una interpretación más amplia en Hechos 7. Habla de que cuando Moisés mató al egipcio que oprimía al esclavo judío «él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya» (Hechos 7:25).

Es decir, Moisés ya había escuchado y sentido el llamado de Dios para servirle como líder del pueblo de Israel en la liberación que Dios haría.

Quizás Moisés se frustró al no poder ver ese llamado cumplido y por eso décadas después, tras 40 años de vivir en el desierto no como líder de un pueblo sino como un humilde pastor de ovejas, Moisés parece batallar ahora con asumir su «llamado» y se siente poco apto para el mismo.

¡Eso te puede pasar también a ti! ¿A poco no a veces has dudado del llamado que has sentido de Dios por no ver las opciones para realizar el trabajo al que te sientes llamado?

Pero Dios es fiel. Y Moisés tenía que comprender que la liberación no iba a ser por su mano, sino por la mano de Dios, en sus tiempos y en sus formas. Al final, el líder siempre es Dios, la obra es de Él, pero nosotros tenemos el privilegio de ser llamados e invitados a colaborar con Él. ¡Qué privilegio!

 

Dios te llama porque te ama 

Al final, Dios no nos llama porque nos necesite. Al contrario, ¡nosotros lo necesitamos a Él!

Veámoslo así: Dios nos creó. Él nos hizo. Y Él es el único que puede darle sentido a nuestra vida, llamarnos al propósito para el cual Él nos quiere usar, y ¡además capacitarnos para la labor y bendecir los frutos de ella!

En otras palabras, Dios hace todo. Tú sólo déjate usar. Dile a Dios que has escuchado su llamado, que quieres servirle, que lo amas, que reconoces su grandeza y tu indignidad frente a ella y su santidad, pero que le necesitas.

La buena noticia es que gracias a Jesús podemos ser colaboradores de Dios. Siendo pecadores, Cristo murió por nosotros y eso nos permite acercanos a Él con gratitud y amor, y poder servirle con emoción, dando de gracia lo que de gracia hemos recibido.

Dios te ama. Dios te llama porque te ama y por eso murió por ti en la cruz. Sólo en Jesús puedes cumplir su llamado. No es en tus fuerzas. Pero gracias a Él, a su sacrificio y regalo en la cruz por ti, puedes ser limpio, renovado, lleno del Espíritu Santo y estar más que listo para asumir tu llamado, sin pretextos ni pecados que puedan más que su voz.

 

¡A vivir tu llamado!

Así que ¡adelante!: a cumplir tu vocación. Dile al Señor como Samuel: «habla porque tu siervo oye» (1 Samuel 3:10) y como Isaías «heme aquí, yo iré» (Isaías 6:8).

Al final, hacer y vivir el propósito para que el uno fue creado es una enorme satisfacción que Dios quiere que goces.

Dios te está llamando, Él te ama, Él te creó y capacitó. Y ahora, en Jesús, y gracias a su muerte y resurrección, tu estás listo (a) para poder obedecer y cumplir tu vocación en Él.

 

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«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”

— Efesios 2:10